martes, 12 de mayo de 2009

VIVIR, EXISTIR, SUBSISTIR, COEXISTIR....

Los movimientos naturales de todas las cosas son movimientos obligados, nuestro es el movimiento voluntario.
Solemos atribuir a la naturaleza la muerte y la vida, la naturaleza no posee inteligencia alguna. Por ejemplo: la función del fuego es arder y no interviene inteligencia o voluntad alguna, así pues cuando el fuego pierde su condición de arder deja de ser fuego y da paso a la ceniza.
El ser humano es el único ser sobre la tierra que posee voluntad, esta voluntad que es el motor de incesante vehemencia. Así pues todo lo ajeno al hombre carece de voluntad y forma parte de la naturaleza.
Platón decía que el alma pose tres partes importantes: el razonamiento, el apetito y el temperamento. El razonamiento es proceso único del ser humano, es la capacidad de pensamiento que se lleva a cabo por medio de procesos lógicos. El temperamento es la forma de ser y reaccionar de cada persona. El apetito es un deseo, unas ganas insaciables. El apetito a diferencia del razonamiento y el temperamento no sólo es una característica propia del ser humano, ya que los animales también tienen apetito, la diferencia radica en que el animal lo hace por cubrir una necesidad instintiva, y el hombre por medio de su temperamento y razonamiento satisface “inteligentemente” su apetito.
Con todo esto quiero decir que si la naturaleza no posee inteligencia alguna y el hombre es el único ser sobre la tierra capaz de crear, destruir, inventar, cambiar el curso de las cosas, etc. Entonces el hombre controla la naturaleza y no la naturaleza a el, y que todo lo que forma parte de la naturaleza es una herramienta mediática en la evolución del hombre.
Pero haciendo un análisis más profundo, ¿realmente diferimos a los animales?, porque si algo hay de cierto es que nos regimos por la misma técnica de aprendizaje “castigo y recompensa”, somos parte de un condicionamiento natural como lo son los animales, (El ya conocido experimento de Pavlov), por ejemplo: cuando a un perro se le quiere enseñar a comer o defecar en cierto lugar; si lo hace mal se le castiga, pero si lo hace bien se le premia, obviando la situación el perro no sabe porque debe hacer así las cosas, pero el se preocupa por que su amo lo alimente y quizá el sesgado roce de una mano en su cabeza. El hombre esta regido bajo un sistema social, cultural, político, etc. Al cual se ven impelidos a renegar , así pues es como la humanidad marcha todos al trapiche cegados con un velo, y con un espectacular que dice: “conformista ignorante… un seguro caminante”, en donde siempre es más fácil culpar al de la derecha porque hacia allá giran las manecillas del reloj, en donde el criterio es más un incipiente juicio irrevocable que un tema de investigación, este monstruo creciente de la mediocridad que se alimenta de cada vez más humanos con digestión audiovisual que con formación cultural, en donde la primer palabra del infante en vez de ser “mama” es “rebelde”.
Dudamos de nuestro propio potencial, y olvidamos entonces que nosotros controlamos a la naturaleza y no viceversa, porque entonces prácticamente estaríamos siendo educados por animales como animales y devorados por el monstruo que no posee inteligencia y que fue creado por nosotros mismos, cuyas únicas personas capaces de aniquilar somos nosotros, sus creadores.
Los grandes líderes jamás necesitaron que su séquito los empujara a levantarse, y quizá ellos no eran más inteligentes que tu y que yo, y probablemente carecían de muchas aptitudes, pero se dieron cuenta de algo muy importante: que uno solo puede con tan sólo extender su mano levantar a un ejército, por el simple hecho de que son concientes que la naturaleza es manipulable, moldeable, ilimitada, y lo más importante no posee inteligencia alguna.

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