Muéstrame tus flaquezas y debilidades, pero no disminuyas tu ritmo a menos que yo caiga, recuerda frenarte un momento para iniciar el juego de nuevo.
Perora cuanta cosa quieras, menos aquello que en el rescoldo de un día nublado te he susurrado al oído.
Observa todo cuanto le agrade a tu ojo, sin olvidar estos que con brillo, deleite, agrado y filtreo seductor te miraban atenta.
Palpa esa tu fruta favorita, roja y exquisita; deja que la ventisca de aire que pasa recorra tus fosas nasales, drene tus pulmones y salga de nuevo, siempre y cuando el aire no se lleve tus suspiros, que poco a poco voy conociendo en el cruce de aliento y miradas nuestras.
Permite que el susurro te ambiente, te siga un rato, para después apartarse, pero ten cuidado, no sea y se convierta en nuestro estertor.
Deja que ese endeble y curioso mosquito absorba tu sangre, pero solo unas cuantas gotas, porque no quiero que depurándola vaya a dejarte sin latidos.
Subvierte todo cuanto quieras, menos tu razón y tu sentido, porque vaya que nos serán de utilidad.
Rompe con la reticencia y confía desmedidamente, porque a fin de cuentas es mi trabajo de todos los días.
Afloja y estira cuanto quieras, pero no olvides que llegará el día en que ya no resista, y tu lúdico acto se desvanezca.
Tañe nuestros estentóreos pasos con la prisa o el aletargamiento, pero no vayas tu a renegar después si sopor del ánimo presa te vuelves.
Acógeme en el sosiego de la noche, y dime desmedidamente que me amas aunque sea mentira, en ese instante lo creeré.
Ve disipando tus penas, y aumentando tu firmeza, que en la frugalidad de nuevas disputas nos iremos consumiendo poco a poco.
Quémate sólo o acompañado, pero hazlo con intensidad, habrás sentido en un momento aquello que pudiste no haber sentido nunca.
Tórnate loco, iracundo, colérico y airado; porque estas son la prueba de que hubo una causa, y la causa pudo haber sido buena.
Para vivir al día no requerimos el uno del otro, para esos momentos efímeros nos hemos vuelto algo indispensables, ungiéndonos de malas palabras y malos tratos.
Y cada vez que torne la cabeza al mirar atrás, te veré tan lejano, tan indiferente y… tan desconocido.
Perora cuanta cosa quieras, menos aquello que en el rescoldo de un día nublado te he susurrado al oído.
Observa todo cuanto le agrade a tu ojo, sin olvidar estos que con brillo, deleite, agrado y filtreo seductor te miraban atenta.
Palpa esa tu fruta favorita, roja y exquisita; deja que la ventisca de aire que pasa recorra tus fosas nasales, drene tus pulmones y salga de nuevo, siempre y cuando el aire no se lleve tus suspiros, que poco a poco voy conociendo en el cruce de aliento y miradas nuestras.
Permite que el susurro te ambiente, te siga un rato, para después apartarse, pero ten cuidado, no sea y se convierta en nuestro estertor.
Deja que ese endeble y curioso mosquito absorba tu sangre, pero solo unas cuantas gotas, porque no quiero que depurándola vaya a dejarte sin latidos.
Subvierte todo cuanto quieras, menos tu razón y tu sentido, porque vaya que nos serán de utilidad.
Rompe con la reticencia y confía desmedidamente, porque a fin de cuentas es mi trabajo de todos los días.
Afloja y estira cuanto quieras, pero no olvides que llegará el día en que ya no resista, y tu lúdico acto se desvanezca.
Tañe nuestros estentóreos pasos con la prisa o el aletargamiento, pero no vayas tu a renegar después si sopor del ánimo presa te vuelves.
Acógeme en el sosiego de la noche, y dime desmedidamente que me amas aunque sea mentira, en ese instante lo creeré.
Ve disipando tus penas, y aumentando tu firmeza, que en la frugalidad de nuevas disputas nos iremos consumiendo poco a poco.
Quémate sólo o acompañado, pero hazlo con intensidad, habrás sentido en un momento aquello que pudiste no haber sentido nunca.
Tórnate loco, iracundo, colérico y airado; porque estas son la prueba de que hubo una causa, y la causa pudo haber sido buena.
Para vivir al día no requerimos el uno del otro, para esos momentos efímeros nos hemos vuelto algo indispensables, ungiéndonos de malas palabras y malos tratos.
Y cada vez que torne la cabeza al mirar atrás, te veré tan lejano, tan indiferente y… tan desconocido.
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