martes, 12 de mayo de 2009

NAUSEABUNDES

He ocupado mi tiempo en la no tan grata tarea de mi proliferación neuronal, que ornamentada con una sonrisa oculta en mi exiguo espacio intrínseco un sin fin de incomodidades e injurias. Con aires de supuración, superación y todas esas cosas, he encontrado demasiadas maneras incongruentes de marchar al vaivén de la gente que camina, que ve, que habla... Me abstuve de dejar correr la tinta por precaución a pinchar mi dedo en una iracunda reacción efímera que llevo privando y menguando desde que digo estar bien.
Un Valium, un hongo, un botón perdido, mis sentidos alterados, exaltados, maximizados, el color azabache de mi pupila dilatada, que vio su derredor y en su decepción decidió soñar despierta, observando como todo se distorcionaba, como el tañido de un golpecito se vuelve tan estridente. Y en otro día humo verde pasa a recorrer mis venas para verme extasiada, en estado en el que el balbuceo de la torpeza en el habla de una persona no me molesta, porque no es mas que un balbuceo.
Sigo en esta dualidad, y me aferro a complicar mi existencia, porque quizá sin estoy no soy nada. Pero lo aseguro, cuando te observe caminar por la calle, serás... lo que viene y va, siempre lejano (na), siempre indiferente, uno más de mi coctél de placeres fallidos o dulces degustados a mi antojo.
Soy misógina por experiencia y quizá por inherencia también. Odio mi género por su falta de independencia, su autolimitación y por degradantes, por creer que sin compañía no son nada, y aún no han aprendido que solas son porque así llegaron y solas serán porque asi se irán.
Y con poca maceración neuronal en todo lo que hecho me desvanezco ya ni tan sutilmente, cayendo en algo bizarro y grotesco. Soy simplemente tu reflejo.

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